El frontón Bizkaia se está acostumbrando a los buenos platos de la pelota. El primer partido de la liguilla de semifinales del Cuatro y Medio reunió a los dos colosos de la especialidad y, a pesar de que el choque no pasará a los anales de la historia por el juego, los aficionados se entregaron a la causa. Prácticamente llenaron el recinto. A las 13.00 horas el 85% del aforo estaba vendido y hubo cola en las taquillas. Seguidores de Olaizola y de Martínez de Irujo a partes iguales. Miribilla vibró más por la emoción del marcador que por lo que se vio en la cancha, pero desde luego la ocasión merecía la pena. Cada manista tiene sus seguidores acérrimos. En su mayoría gente joven que vive la pelota de forma diferente a los aficionados más tradicionales. Son los que, desde hace unos años, ponen la salsa en las gradas.
En ese aspecto, la primera batalla entre los dos grandes de la mano del momento estaba en tablas antes de empezar. Pero hubo otros frentes a los que trataron de sacar partido los contendientes. Se medían dos estilos diferentes. La mesura de Olaizola y el eléctrico Irujo. Ambos no llegaban en su mejor momento de juego. El de Goizueta, tras un verano de ensueño, ha bajado enteros y trata de volver a resurgir en el momento cumbre del campeonato. El de Ibero viene de menos a más, pero todavía le falta para reencontrarse con su mejor versión. Con esta situación afrontaron el primero de los tres partidos que tiene por delante el que quiera ser finalista. Ambos eran conscientes de que el que pega primero da dos veces, y ayer había que ganar o ganar. Tal vez por eso la batalla psicológica se libró desde que ambos salieron a calentar. Mientras el público les recibió con una ovación, ellos trataron de mantener la concentración. Resulta curioso, pero hasta que Olaizola se dispuso a realizar el primer saque y chocaron sus manos, prácticamente no se miraron a la cara.
A chispazos
El de Goizueta tuvo el encuentro en su mano. Supo asimilar mejor la presión. Mantener la concentración e irse en el marcador (9-2). Su rival, todo lo contrario. Le costó asimilar la adrenalina, y más cuando el juez dio por bueno un saque de Olaizola, que fue falta, y que terminó por ser colorado. Pero cuando parecía que todo estaba en contra de Irujo, el de Ibero resurgió a chispazos. Consiguió encarrilar su energía en el juego y se vino arriba. Su racha coincidió con varios errores consecutivos de su oponente y en el tanto trece llegó la igualada. Los corredores habían cantado el dinero a la par desde el inicio y no se equivocaron. La emoción volvió al Bizkaia y a partir de entonces subieron las revoluciones. Lo apretado del marcador favoreció a ello. Los gestos de un público entregado contrastaban con los contadas muecas que dejaban escapar los protagonistas. La procesión iba por dentro. La refriega no tenía un color claro. Olaizola jugó sus últimas cartas y logró marcharse de dos tantos en el marcador. Pero entonces salió el mejor Irujo. El que se la juega a todo o nada en las situaciones más extremas. Ese manista de un talento electrizante que lo tiene todo pero al que su cabeza le juega malas pasadas. Volvió a poner el marcador en tablas a falta de dos tantos. A esas alturas del partido era efervescencia pura. Ya no hubo nadie que le parara. Los vatios de las gradas aumentaron. La espesura del partido quedó en un segundo plano. La victoria era cuestión de orgullo. De amor propio. Y en eso ayer ganó Irujo. En un eléctrico frontón Bizkaia que supo agradecer el esfuerzo.
Astelena, Adarraga, Beotibar, Ogueta, Labrit...